Mentalidad de Mamado

Mentalidad de Mamado

Organicé mi día para poder estar aquí, en un gimnasio hechizo de Celaya, esperando a que mi amigo salga del consultorio con sus esteroides.

—No we, me cae que ese fue mi peor error del año, el haberme fijado en esa señora —me dice el Juanpi.

—Jajajaja —me cago de risa.

El vato se enamoró de una señora del gym, aunque nunca hubo pláticas profundas ni pequeñas, solo saludos, gestos y miradas. Se la pasó enculado de ella por un buen rato y al final no hizo nada, ni un movimiento real; como dije antes, solo coquetearon con “hola” y “que tengas un bonito día”.

—Me cae que esa señora hasta tiene cara de loca, no la había visto bien hasta ahora. Pero sí se le ve, ¿verdad?

—Pues we, está soltera, sin compromisos y como a todos, le gusta el pedo. ¿Qué esperabas?

Mi compa se agüitó porque la señora se dejaba “agarrar” por uno de sus amigos, o sea, el vato la levantaba para que pudiera hacer dominadas y a veces le picaba las costillas. Ya se la saben.

—We, es que te enfrascaste mucho.

—Sí, yo sé, ya ahorita la veo y sí me digo a mí mismo, cómo es posible, si la señora ya está bien grande.

De esto y otros temas triviales platicamos de camino a comprar sus esteroides.

Ahora estoy en la recepción del gym esperando a que su coach lo pese, le tome medidas y le entregue sus frascos. Me contó que le debe 2,000 varos al coach, pero que no es importante: “a mí solo me importa que mis clientes, que los jóvenes, sean felices, que se vean bien mamados”. No lo sé, tal vez ese coach solo quiere seguir sus experimentos anabólicos con la chaviza, tal vez no, tal vez solo quiere la felicidad de los jóvenes; se ve reflejado en ellos, sus inseguridades y sus anhelos. Quiere ayudar a su niño interno.

—Buenas noches —saludo a una chava que acaba de entrar al gym.

El Juanpi también me confesó sus pedos mentales, algo que no es tan nuevo; siempre se la pasa diciendo que los más mamados son los más inseguros.

—¡Pues síiii! —siempre le respondo.

Pero bueno. Es interesante resaltar esto. El vato está mamadísimo, así, cabrón, de que pesa 90 y tantos kilos y aun así se percibe como flaco.

—Aunque eso sí te lo digo, we, y se lo agradezco un chingo al chocho: si ya era… o no tenía vergüenza, ahora tengo menos. Ahora entro a una tienda y me siento bien cabrón. Como que todos me la pelan.

Cada quien elige la tapadera de sus inseguridades.

Mi compa sale del “consultorio” bien feliz con sus frascos: testosterona, una que no me acuerdo el nombre y trembo.

No sé cómo sentirme con este tipo de viajes. Vengo pa saber cómo es esto, por la experiencia, pero no apoyo el consumo de las sustancias nocivas para la salud. Pero pos cada quien es dueño de su cuerpo.

De regreso seguimos hablando un poco más de lo mismo.

—Eso sí, we, ahorita sí le tengo tantito miedo, porque ya en estas dosis me pongo caliente bien fácil.

—¡Ora! ¿De qué, emputado o…?

—No, o sea, sí, jajajaja.

Pasamos al lado de la feria navideña de Celaya.

—Cómo te explico, o sea, yo dejé de ir a fiestas porque siempre terminaba peleándome. Y luego iba con mis primos y ellos son bien peleoneros también.

—No mames, la peor combinación.

—Sí, entonces siempre terminábamos en pleito, y sí los mandé a la verga porque qué tal y que un día sí me agarran a vergazos y luego llego a mi casa y mi jefecita me ve así todo madreado. Luego le vaya a dar algo. No es por uno que está joven y aguanta, es por mi jefa, ¿sí me entiendes?

—Simón. Pero sí he visto que ese pedo te mueve las hormonas, cabrón.

—Pero no pasa nada. Nada más eso sí, te voy a decir, eso no se lo digo a nadie perro, pero también, haz de cuenta, estoy en el gym y una mujer se me pone enfrente y hace su ejercicio, si me le quedo viendo me da una erección.

—Jajajajajajaja.

—No, en serio, ¿no lo has notado?

—No we, pero sí noto que llega una morra y te vas a otro lado.

—Sí, pues es por eso.

Sigo manejando y salimos de Celaya por el puente Celaya–Villagrán–Apaseo el Alto.

—También luego veo videos tristes, haz de cuenta, como de perritos y…

—No mames, ¿y lloras? Jajajajajaja —completo su oración.

—Y lloro, we.

También me comento que se quiere ligar a otra chava del gym, una mamá soltera con la cual ya lleva un buen rato platicando entre sus descansos de serie en serie, pero siente que ella va perdiendo el interés en él. La mejor estrategia que se le vino a la mente es la de llegar un día y decirle “Quieres que te enseñe mis piernas” las cuales he de decir si están muy tochas pero si le replique con un “Pero eso le va a sonar raro, que no” y le propuse que la llevara mejor por un cafe o algo asi, el punto es platicar con ella fuera del gym.

En fin. Llegamos a su casa y abrió la puerta del coche.

—Pero pues ya más o menos te dije cuál es la mentalidad de un wey… pues…

—Mamado.

—Sí… por decirlo así.

Nos despedimos y sale.

—Sobres we, nos vemos mañana.

Entra a su casa y yo me voy.